Los cursillos desde Mallorca

A partir del Cursillo Nº34, el primero que se celebrará en el Santuario de Santa María de Manacor, comenzará a desarrollarse una nueva etapa en la vida de los Cursillos, ya que numerosos sacerdotes y seglares venidos a Mallorca, tanto desde la península española, como desde otros lugares del mundo para conocer esta experiencia, empezarán a expandirlos y a repartirlos por el mundo.

“La nueva modalidad de apostolado, verdadera máquina rompehielos tras la que avanzaba animosamente una nueva juventud ganada para Cristo, comenzó a llamarse CURSILLOS DE CONQUISTA, pues no solo los sacerdotes y seglares, sino también el propio prelado, a quién paso a paso se iba informando de los resultados, admiraban las conquistas que continuamente alcanzaba esta arma apostólica”. (Mons. Juan Hervás.- “Los Cursillos de Cristiandad, Instrumento de renovación cristiana”.- Editado por el Secretariado Nacional de España.- Colección Cursillos de Cristiandad.- Pag. 22).

 

En julio de 1951, el padre Juan Capó y Eduardo Bonnin se darán a la tarea de hacer los primera recopilación sistematizada de los rollos. Con mas preocupación metodológica que doctrinal, no deja de tener valor por la ilusión con que fue hecha.

En diciembre de 1951, y a instancias de José Ribera, que había asistido al Cursillo Nº48 de Mallorca, se realizan las gestiones correspondientes, y se da una Escuela sobre Cursillos en el Colegio Mayor San Carlos de la Universidad de Salamanca, actividad que podría considerarse como la primera de Cursillos fuera de la isla de Mallorca.

En noviembre de 1952 llegaba a Mallorca el padre Rafael Sarmiento, delegado episcopal de la Acción Católica de Colombia, quién volvería en febrero de 1953 para participar en el Cursillo Nº71.- “En estos tres días he aprendido mas de acción católica que en los seis meses de viajes de estudios sobre la misma materia por España, Italia, Francia y Bélgica. Esta sí, es la Acción Católica que yo buscaba”, (P.Rafael Sarmiento.- Revista PROA. Nº172.- Marzo 1953.- Organo oficial de los Cursillos de Mallorca.-) fueron las palabras con que comentó el Cursillo.

En marzo de 1953 se pide a Mallorca que dé una Escuela sobre Cursillos en el Colegio español San José de Roma, para lo cual viaja a la Ciudad Eterna, el padre Juan Capó en lo que podríamos considerar como la primera actividad de Cursillos fuera de España.

En junio de 1953, de vuelta a su patria, Colombia, el padre Rafaél Sarmiento con una audacia increíble decide lanzarse en la “aventura de los Cursillos”, y sin contar con mayores antecedentes, material y experiencia que la de su propio Cursillo vivido en Mallorca, empieza a dar “algo” a lo cual llama

“Cursillos”, pero que tendrá profundas variaciones, diferencias y carencias en relación a lo que estos verdaderamente eran.

“Se habían introducido profundas modificaciones; las mismas que yo personalmente pude constatar: mesas redondas, reducción de los rollos a una simple introducción para luego dar lugar a discusiones abiertas, un cierto aspecto de “picnic” o fin de semana, reducción de la materia a cuatro rollos por día”. (Juan Capó.- “Cursillos de Cristiandad, la verdad sobre su origen histórico”.- Editado por el Secretariado Nacional de España.- Colección Cursillos de Cristiandad.- Pag. 59).
No obstante lo señalado se considera que esta es la primera experiencia de Cursillos en América, y que, a pesar de sus defectos, fue la maniobra de que se valió el Señor para introducirlos en nuestro continente.

 

Comenzaba a extenderse por el mundo “el escándalo de los Cursillos”, escándalo respecto del cual diría mas adelante el padre Cesáreo Gil, quién será sin lugar a dudas la figura más relevante de los Cursillos en América:

“No se porqué la palabra escándalo se restringe al daño que hace en las almas un dicho o un hecho malo. Propiamente es la impresión brusca que produce en las almas un dicho o un hecho, bueno o malo. Impresión que, por lo brusca, se grava y arrastra al bien o al mal. Pero después de encarar con la realidad que supone la palabra o el hecho escandalosos. En este sentido llamó San Pablo a Jesucristo “escándalo para los judíos”. Y en este sentido resultaron escándalo, y grande, los Cursillos de Cristiandad”.

“Escándalo, porque los Cursillos, con sus nuevas conductas, ajustadas a las de Cristo y sus santos, fueron piedra de choque para muchos, y dieron en la cara a otros”.

“Escándalo, porque su escándalo fue de boca en boca, recorriendo los confines de España y del mundo: “lo llenaron todo”.

“Escándalo, porque muchos “hijos fieles”, al retornar los “hijos pródigos” a la casa paterna, protestaron de la comprensión y cariñosa acogida que les tributaron sus padres, los pastores de almas”.

“Ese escándalo dio pie a infinidad de críticas. Fundadas unas, infundadas otras. De sacerdotes unas, de laicos otras…Ese escándalo fue crisol del Movimiento de Cursillos. Bendito crisol que obligó a los fundadores a leer mucho, a exigir siempre, a limar asperezas, a perfeccionarse”. (Cesáreo Gil Atrio.- “El escándalo de los Cursillos”.- Revista TRIPODE.- Nº2.- Febrero 1964.- Secretariado Nacional de Venezuela.-)

Y como todo escándalo produce efectos, en el caso de los Cursillos también sucedió así. Y empezaron a aparecer los “émulos”; y surgieron algunos “sucedáneos”; ; y un sacerdote de la península, el padre Tomás Malagón, que los había vivido en Mallorca, entusiasmado con los rollos y la metodología fundaría los “Cursillos apostólicos para obreros”; y un grupo de damas de la Acción Católica al ver sus frutos, y al no existir aún la autorización de Mons. Hervás para hacer Cursillos para mujeres crearán las “semanas impacto”; y un grupo de adolescentes, al ver el efecto en los jóvenes mayores hará surgir los “cursillos de vida para adolescentes”; etc.

Y por el estilo fueron apareciendo estos y otros tipos de “sucedáneos” , todos con buenísimas intenciones, todos con buenos frutos, pero todos desvirtuando, por no decir desprestigiando el método original de los Cursillos de Cristiandad en que se inspiraban.

Otro efecto serían las críticas. Hubo críticas y muy fuertes, hubo malos entendidos, hubo celos, hubo persecuciones…como también hubo alabanzas y comprensiones, polémicas y diálogo, todo lo cual si bien puede en un momento molestar, a la larga agrada por aquella eterna paradoja de que no hay gozo sin dolor, “por la cruz a la luz”. Como diría también el Padre Gil:

“¡Benditas persecuciones del principio!. Ellas obligaron al Movimiento a dejar en el camino de su infancia ciertas derivaciones peligrosas en su doctrina y ciertos defectos sospechosos en su organización. Y ellas le pusieron en condiciones de madurar de prisa y de cristalizar en la experiencia más apostólica de nuestro siglo en el campo seglar”. (Cesáreo Gil Atrio.- “Bienaventurados los que padecen persecución”.- Revista TRIPODE.- Nº4.- Mayo 1964.- Secretariado Nacional de Venezuela.-).

Será a partir del Cursillo Nº 83 celebrado entre el 15 y 19 de Agosto de 1953, en el Santuario de San Miguel de Liria, en Valencia, que los Cursillos empezarán su penetración en la península española. El padre Pedro Mauri, párroco de ese Santuario los había conocido con ocasión de su participación en una misión en Mallorca, en la cual habiendo tenido contactos con cursillistas, fue invitado a participar en el Cursillo Nº75, en el Santuario de Santa Lucía de Manacor. Tan entusiasmado quedó el padre Mauri, que no descansó hasta conseguir que los mallorquines le dieran un segundo Cursillo en Valencia, esta vez en Onteniente en febrero de 1954.

Ya hemos dicho que la denominación de “Cursillos de Conquista” no gustaba ni convencía, ya que no representaba realmente lo que ellos eran. El nombre del instrumento quedaba desbordado por la realidad.

Será en la Asamblea Nacional de Asesores Diocesanos de la JACE de diciembre de 1953, donde Mons. Hervás, en una intervención para explicar en que consistían, se encontraría, sin pensarlo mayormente, en forma providencial, sorprendiéndose incluso él mismo, con el nombre que se buscaba en la boca, bautizándolos a partir de ese momento como “CURSILLOS DE CRISTIANDAD”, “nombre que, aceptado con aplauso unánime, definió lo que los dirigentes buscaban y los asistentes experimentaban en el Cursillo” (Mons. Juan Hervás.- “Los Cursillos de Cristiandad, Instrumento de renovación cristiana”.- Editado por el Secretariado Nacional de España.- Colección Cursillos de Cristiandad.- Pag. 23).

Hasta el momento los Cursillos seguían siendo eso si algo restringido exclusivamente a los jóvenes, aún cuando las presiones y las solicitudes para hacerlos extensivos a hombres mayores eran cada vez más fuertes.

“Es un hecho evidente que los Cursillos de Cristiandad se adaptan perfectamente a las mas diversas sicologías, sin que su estructura tenga que sufrir por ello radicales modificaciones ni queden tampoco menguadas sus características y eficacia. Si los Cursillos tuvieron en sus primeros tiempos toda una serie de características específicamente juveniles, ello se explica fácilmente por razón de aquellos a quienes iban dirigidos. Esto hizo pensar a mas de uno que los Cursillos eran solamente cosa de jóvenes y que, en todo caso, exigirían una radical transformación para poder aplicarse a otras personas”.

“Estudiando detenidamente la esencia, la técnica y la estructura de los Cursillos de Cristiandad aparece claro que sus características típicamente juveniles ni son tantas que no puedan ser aplicadas a otras personas, ni tan esenciales que exijan para ello una esencial modificación, y esto, por la sencilla razón de que siendo uno solo el cristianismo auténtico aplicable a todas las situaciones humanas, y siendo los Cursillos “esencia de cristianismo”, su contenido y su técnica, despojados de lo que, por ser patrimonio exclusivo de la juventud, el mas elemental sentido común aconseja que no encajaría con otras sicologías, también han de poder aplicarse lo mismo a los jóvenes que a los hombres o que a las mujeres, y todo ello sin caer en el peligro de una modificación que, por radical, desfigure la fisonomía específica de los Cursillos, convirtiéndoles en algo que, con idéntico nombre, sirviera realidades distintas y hasta contradictorias, en un confusionismo de fatales consecuencias”. (Eduardo Bonnin.- “El Cómo y el Porqué”.- Editado por el Secretariado Nacional de España.- Colección Cursillos de Cristiandad.- Pag. 36-37).

¿Donde estaba entonces el problema?, ¿Cúales eran las interrogantes que impedirían el Cursillo para adultos?.- Por un lado el temor de que al despojarlo de sus elementos juveniles perdiera su fisonomía propia, y por otra parte, una “cuestión reglamentaria”, la concepción de la Acción Católica “por ramas” en Mallorca, con un evidente desfase de estilo en la actuación y de objetivo en la meta, hacían inviable el Cursillo para adultos. Un Consejo no podía inmiscuirse en otros terrenos apostólicos, por urgentes que parecieran. Aunque parezca mentira, esto era así, y los roces, y las tensiones entre las dos ramas de la Acción católica no hacían fácil el arreglo.

Pues bien, había que romper el “impasse”, y partiendo del principio de la universalidad del cristianismo como solución a todos los problemas humanos, haciendo un detenido estudio se despojó la primera de las interrogantes – el temor de pérdida de la fisonomía propia de los Cursillos – y se vio claramente la posibilidad de aplicación de estos a otra clase de personas: adultos, mujeres, etc. En cuanto a la segunda interrogante – la cuestión reglamentaria – se buscó una solución “ingeniosa” por calificarla de alguna manera: el párroco de Campanet, padre Miguel Femenías tenía derecho a organizar para adultos de su parroquia que no estuvieran sometidos a las ramas o reglamentos de la Acción Católica, las reuniones, jornadas, retiros o similares que estimara convenientes. Pues bien, a partir de este expediente y con el apoyo del párroco de Santa Catalina, el padre Francisco Jaume, decidieron pedir un Cursillo para adultos.

El Obispo Mons. Hervás aconsejó en “forma legal” y se decidió el Cursillo. este sería el Nº 94 y en el actuarían como Rector Eduardo Bonnin y como Director Espiritual el padre Juan Capó. La experiencia fue elocuente, la cuestión posterior fácil y rápidamente resuelta, quedando fuera de toda duda y discusión la eficacia de estos Cursillos en los adultos.

En abril y mayo de 1954 se darán los Cursillos Nº 97 y Nº 99 en El Espinar en Segovia y en Toledo respectivamente. El padre Miguel Aparici, entonces Asesor Nacional de la JACE, hombre de espíritu rudo, de una pasión incontenida, cuyas ideas tenían como un rumor de cataratas en el fondo, y que había conocido los Cursillos en Mallorca al participar en 1951 en una Asamblea Diocesana de la JACE, pareciéndole extraordinarios, decidió no descansar hasta conseguir que se dieran en el corazón mismo de España, en su capital, en Madrid.

En Madrid sin embargo había oposición a los Cursillos. Se creía en el Consejo Nacional de la JACE que se trataba de un fenómeno emocional, transitorio y provinciano. El padre Aparici decide entonces actuar con “estrategia”. A fin de no comprometer al Consejo hace que el Cursillo Nº97 de Segovia lo organice el Consejo Diocesano de Madrid, aprovechando la circunstancia de que el Asesor Diocesano era un sacerdote mallorquín, el padre Garau. Asimismo, envía a vivir el Cursillo al Vice Asesor Nacional de la JACE, el padre Manuel Anconada, junto a varios dirigentes laicos que trabajaban con él en el Consejo Nacional.

El Cursillo Nº 97 de Segovia produjo el “terremoto” esperado y sus resultados entusiasmaron de tal modo a los miembros del Consejo Nacional, que con ello cayeron todas las resistencias, comprometiéndose el propio Consejo Nacional en la organización para el mes siguiente, mayo, del Cursillo Nº 99 en Toledo, en el cual actuaría como Director Espiritual el padre Juan Capó, y participaría, viviendo la experiencia, el propio padre Aparici, el cual, al término del Cursillo le escribiría a Mons. Hervás, Obispo de Mallorca:

“Creo que el Señor nos ha deparado un instrumento magnífico a toda la juventud de Acción católica y aún a la juventud española. Sinceramente confieso que el Cursillo de Cristiandad perfecciona notablemente todos los anteriores”.

“Me alegro extraordinariamente de haber vivido este Cursillo, no sólo porque hay cosas que sólo viviéndolas pueden conocerse, sino porque así podré defenderlo de los ataques de que les hacen objeto algunos que no fueron con el deseo de encontrar la verdad”. (Eduardo Bonnin.- “El Cómo y el Porqué”.- Editado por el Secretariado Nacional de España.- Colección Cursillos de Cristiandad.- Pag. 33).

Tanto los dos Cursillos dados en Valencia como el de Segovia y el de Toledo, como asimismo el Nº1 de Tarragona, celebrado en el mes de abril de 1954, habían corrido a cargo de los dirigentes de Mallorca. A partir de este momento será el propio Consejo Superior de la JACE, el cual empezó a promoverlos y organizarlos en las distintas diócesis de España. Las dificultades habían sido vencidas y los Cursillos eran oficialmente reconocidos y admitidos.

La realización de Cursillos para adultos había dejado como lección el que ellos no podían “enfeudarse”, no podían encerrarse en pequeños grupos o sectores, ni siquiera para su organización. Se había comprobado que su cometido desbordaba las atribuciones y las fuerzas del Consejo Diocesano de la JACE, y se veía clara la necesidad de facilitarles pistas mas anchas de despegue y perspectivas de trabajo mas amplias. Todo esto llevó a que en diciembre de 1954 se nombrara y se constituyera en Mallorca, a instancias del padre Gayá y con el apoyo del padre Capó, el Secretariado Diocesano de Cursillos de Cristiandad, desligado del consejo de la JACE., integrándose esta nueva estructura con Mons. Pedro Rabassa como Delegado Episcopal, el padre Juan Capó como Asesor Diocesano, Pedro Sala como Presidente Diocesano, Eduardo Bonnin como Vocal de Juventud y Gabriel Estelrich como Vocal de Adulto.

A pesar de todos estos avances y de la fuerza con que los Cursillos se extendían, no todo era “miel sobre hojuelas”. Las críticas eran duras y provenían muchas veces de sectores prestigiados, poderosos y con enorme fuerza.

Sin embargo Cursillos tenía en el Obispo de Mallorca, Mons. Hervás, un fiel y decidido defensor, tan comprometido que, con toda justicia sería llamado mas adelante “Padre y Obispo de los Cursillos de Cristiandad”. Y contra él cayeron también las críticas y los ataques.

Y se fueron juntando las olas, y se fueron resintiendo las posturas indolentes, y los viejos prejuicios y la polvareda que suscitaban los Cursillos fueron en aumento, y el temporal en definitiva terminó por llevarse a Mons. Hervás. En marzo de 1955 era trasladado a la Prelatura de Ciudad Real, como Prior de las Ordenes Militares, situación que si bien pudo ser dolorosa a primera vista, resultaría a la larga providencial, como lo veremos enseguida.

En su reemplazo fue designado como Obispo de Mallorca Mons. Enciso Viana. Hombre de un temperamento especial, lejano y desconfiado, estaba entre aquellos pastores para los cuales los Cursillos representaban un peligro para las estructuras eclesiales.

Con el cambio sucedió lo de siempre. Le visitaron personas para saludarlo, personas para congraciarse con él y personas para “informarlo”, y entre estas últimas, tema obligado fue muchas veces el de los Cursillos de Cristiandad, tema obligado por cuanto los Cursillos estaban en ese entonces en el punto más culminante de su “escándalo evangélico”.

Y si bien Mons. Enciso oyó maravillas del Movimiento, escuchó también muchas críticas, algunas severas, otras exageradas, las mas, inexactas, casi todas en todo caso de personas no cursillistas. Lo anterior, sumado al hecho de que los sacerdotes ya mayores, que eran bastantes, veían temerosos los efectos de los Cursillos y sumado por otra parte a la excesiva juventud y por lo tanto inexperiencia de algunos cursillistas, fue conduciendo la situación a condiciones insostenibles.

El nuevo Pastor miraba a los Cursillos con desconfianza y displicencia por lo que vanos fueron los esfuerzos y las luchas tanto del padre Capó como de Eduardo Bonnin por hacerlo entender y comprender. No había caso, se trataba de una mentalidad diferente.

Para la Asamblea Nacional de la JACE de 1955 el padre Capó presenta “con cuidado y con desgarro” (Juan Capó.- “Pequeñas historias de la historia de los Cursillos de Cristiandad”.- Editado por el Secretariado Nacional de España.- Colección Pablo Apóstol.- Pag. 74) , una defensa de los Cursillos, apoyado en muchas docenas de autoridades, con 156 citas a pie de página de decenas de autores. El Obispo Enciso lee previamente esta defensa y la autoriza con la cual se publica, se imprime en enero de 1956 y se envía a todas las diócesis de España.

Sin embargo, a pesar de lo anterior en abril de 1956 es removido del Consejo Diocesano de la JACE al padre Capó, siendo sustituido por el padre Miguel Amer. Renuncian a raíz de lo anterior todos los componentes del Consejo, y con ello el padre Amer, siendo éste último reemplazado por el padre José Elterich, el cual intentará reorganizar los cuadros de la juventud muy resentidos por los acontecimientos.

Los Cursillos entretanto continuaban dándose ya que ni había sido disuelto el Secretariado, ni había sido removido el padre Capó como Asesor Diocesano del Movimiento.

El 25 de agosto de 1956, Monseñor Enciso publica su “Carta Pastoral sobre los Cursillos de Cristiandad”, documento escrito con una indiscutible buena voluntad y con un marcado celo apostólico y episcopal, pero al mismo tiempo con una falta de antecedentes, una inoportunidad y una inconsistencia desconcertantes. En él, el Obispo decreta una “suspensión provisional” de los Cursillos en Mallorca, acepta la renuncia del Secretariado Diocesano y se compromete a reorganizarlo sobre nuevas bases.

Para escribir su pastoral el Obispo jamás consultó o escuchó a ninguno de los dirigentes seglares ni sacerdotes que trabajaban en el Movimiento. Planteó acusaciones pero nunca pidió defensas. El propio clero diocesano, incluidos aquellos que habían aportado acusaciones, quedó sorprendido con su dictación y con la poca seriedad y fundamentación en que se sostenían muchas de las acusaciones que en ella se hacían. Pero tal vez lo mas curioso y desconcertante de todo fue el hecho de que no dió instrucciones de corregir nada, ni señaló orientaciones ni nuevos contenidos, y como si ello fuera poco para entender la inconsistencia de la medida, cuando mas tarde volvió a autorizar los Cursillos, les entregó al grupo encargado los mismos documentos de trabajo que le había facilitado Mons. Hervas (200 folios a máquina a un espacio), sin ninguna corrección ni modificación.

Disuelto el Secretariado y paralizadas las actividades del Movimiento, confirmándose una vez mas el carácter eminentemente jerárquico de los Cursillos, se entra en Mallorca en una etapa de silencio, de un silencio que gritará de puro dolorido.

Poco mas adelante, en 1957, terminada una etapa dolorosa y fecunda, agotadora y creadora, el padre Juan Capó, quién, con una calidad sacerdotal excepcional llevaba mas de un año de un “silencio obediente”, como lo reconocería públicamente Mons. Enciso, postula y gana la cátedra de Teología Dogmática en el Seminario diocesano de Córdoba, trasladándose a esa diócesis en donde también jugará un importante y trascendental papel en la vida del Movimiento de Cursillos.

Si bien es cierto que la Pastoral de Mons. Enciso sacó a la luz muchos de los defectos de los Cursillos, y otros que a todas luces no eran de los Cursillos; si bien es cierto que ella sirvió de base para muchas críticas negativas; si bien es cierto que ella puso a los Cursillos sobre el tapete; si bien es cierto que provocó una crisis horriblemente peligrosa en sus dirigentes; si bien es cierto que puso en peligro la propia existencia y pervivencia del Movimiento; no es menos cierto que con ella se cumplió plenamente aquello de que “no hay mal que por bien no venga” y aquello de que “Dios escribe derecho con líneas torcidas”.

En efecto, aunque parezca un contrasentido se puede afirmar fundadamente que la actitud de Mons. Enciso y en particular su Pastoral fueron “providenciales”, ya que será precisamente a raíz de ella que, desde Ciudad Real, Mons. Juan Hervás reaccionará, publicando su propia pastoral: “Los Cursillos de Cristiandad, instrumentos de renovación cristiana”, en la cual , con una certeza y una profundidad valórica extraordinaria sentará los principios fundamentales en que se basará definitivamente toda lo obra de los Cursillos de Cristiandad.

“Una pastoral oportuna, documentada y orientadora. Una pastoral que salvó al Movimiento. Una pastoral que puso en manos de los seglares, de los sacerdotes y de los obispos armas excelentes para defenderlos y para propagarlos por todo el mundo. Una pastoral que hizo pensar hasta el mismo Monseñor Enciso y lo llevó a descubrir la eficacia del “novísimo método” de apostolado, hasta tal punto, que en la Clausura del Cursillo Nº 200 de Mallorca confesaría públicamente que “él besaría respetuoso las huellas de sus cursillistas”. (Cesáreo Gil Atrio.- “No hay mal que por bien no venga”.- Revista TRIPODE.- Nº21.- Octubre 1965.- Secretariado Nacional de Venezuela.-).

El 15 de mayo de 1955 se había producido el traslado efectivo de Mons. Hervás desde Mallorca a Ciudad Real, y con ese cambio, el eje del Movimiento de Cursillos de Cristiandad pasó también a la capital de La Mancha. Y a “ese lugar de La Mancha de cuyo nombre todos queremos acordarnos” se trasladaron con él algunos de los sacerdotes pioneros en esa instrumento providencial que eran y son los Cursillos, entre ellos el padre Francisco Suarez y el padre Jaime Daviú, junto a los cuales estructuró un sólido equipo de trabajo y una Escuela de Dirigentes que se transformarían con el correr del tiempo en la cabeza visible de un verdadero “pulpo” que extendería sus tentáculos por el resto de España y por el mundo entero, y que, como Quijotes de verdad, “desfacerían entuertos” y “romperían todos los molinos de viento ” que fuera necesario.